La ciudad de todos los veranos Clinton Ramírez es la esperada nueva obra del autor colombiano, una novela breve e intensa que comienza donde terminan las promesas hechas a un padre moribundo.
En La ciudad de todos los veranos, Clinton Ramírez construye un relato que oscila entre la obligación filial y el absurdo, la ternura y el rencor. La historia arranca en una cama de hospital: el narrador toma entre las suyas la mano lívida de su padre —un hombre hosco, hecho a imagen y capricho suyo— y le promete algo que jamás imaginó cumplir: viajar al pueblo natal del viejo y sacar de allí a «su gente».
Esa promesa es el corazón de La ciudad de todos los veranos. Clinton Ramírez despliega a partir de ahí un viaje físico y emocional hacia un lugar que el protagonista apenas conoce por palabras esquivas, pero que sin embargo recuerda con una nitidez asombrosa, como si lo llevara escrito en la sangre.
La ciudad de todos los veranos, la esperada nueva obra de Clinton Ramírez, es mucho más que un libro: es una promesa hecha carne, un viaje hacia los orígenes y una exploración sin concesiones de los vínculos que nos atan a quienes ya no están.
Todo comienza en una cama de hospital. El narrador toma entre las suyas la mano moribunda de su padre y le promete algo que jamás imaginó cumplir: viajar al pueblo natal del viejo y sacar de allí a «su gente» —nombres difusos, rutinas desconocidas, un mundo que el hijo apenas ha rozado a través de las palabras esquivas del hombre hosco que lo crió.
El padre muere. Pero en su última mirada hay una sonrisa confusa, una alegría repentina que el narrador no sabe cómo interpretar. Esa imagen —ese rostro lívido como el de un leproso, iluminado por una paz incomprensible— se clava en su memoria como una espina. Y entonces comprende: su propia alma no descansará hasta que cumpla lo prometido.
El problema es que el maldito pueblo, tal como lo describe el autor con una prosa precisa y cortante, está tirado al pie de una carretera polvorienta, muriendo frente a un sucio mar antiguo. Es un pueblo fantasma. Un lugar que parece detenido en el tiempo, con sus calles anchas y duras trazadas con acierto de ojo masónico, su plaza en forma de estrella encuadrada en árboles, sus parterres enmontados y sus barrocas fuentes mediterráneas que algún día sirvieron de baño a los locos, pese a las amonestaciones del padre Soto.
Nada ha cambiado allí. Nada cambiará. El narrador lo sabe con una certeza que no proviene del conocimiento racional, sino de algo más hondo: la sangre. Sorprendentemente, recuerda con detalle un pueblo que apenas conoce por las palabras del hombre hosco que fue su padre. Aquellas calles, aquella plaza, aquel camino de polvo arcilloso que conduce a las fincas bananeras —todo está colocado en su memoria como si siempre hubiera estado allí.
Más allá, a lado y lado de un estrecho sendero, aparecen las primeras plantaciones de banano, como los créditos de una película antigua donde los vagones de madera y los potreros son testigos mudos del transcurrir cotidiano de un tren de baratijas y desechos. Ese tren —símbolo de una pobreza digna pero desoladora— cruza el paisaje con la lentitud de quien sabe que no tiene prisa porque no tiene a dónde llegar.
La ciudad de todos los veranos es una novela breve —ty apenas 120 páginas— pero de una densidad emocional asombrosa. En ella conviven la ternura y el rencor, la obligación filial y el absurdo, la superstición y la lucidez más descarnada. El narrador, un hombre sin horarios que pierde su tiempo en museos, teatros y bares solitarios, se enfrenta a algo que ninguna de sus distracciones urbanas puede conjurar: el peso de una palabra empeñada a un muerto.
¿Es sensato preparar un viaje y marchar en busca de un pueblo fantasma? Probablemente no. Pero el autor nos recuerda que los actos más humanos —los que nos definen— rara vez lo son.
Este libro interesará a los lectores de ficción urbana, a quienes buscan una literatura colombiana que mira la provincia sin exotismo ni condescendencia, y a cualquier persona que haya hecho alguna vez una promesa en voz baja, sabiendo que cumplirla sería una locura.
Si buscas La ciudad de todos los veranos Clinton Ramírez, estás ante una novela breve de 120 páginas que explora la memoria, la culpa y los lazos familiares con una prosa precisa y cortante.
Datos técnicos:
• Formato: Impreso, tapa blanda
• Páginas: 120
• Medidas: 15 x 20 cm
• ISBN: 978-628-97245-6-1
• Editorial: Science Latinoamericana SAS
• Clasificación Thema: FBAN – Ficción urbana
• Público: General / Adultos
• Primera edición: 9 de mayo de 2026




